Ascensión cierra su bar tras cien años detrás de la barra

Ascensión, a sus 104 años, detrás de la barra de su bar. /O. R. C.
Ascensión, a sus 104 años, detrás de la barra de su bar. / O. R. C.

A los 104 baja la persiana de la única taberna de Bárcena de la Abadía, un pequeño pueblo del Bierzo

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

«Mis primeros recuerdos desde que tenía 4 años son detrás de un mostrador. Así que hoy es un día triste para mí pues la puerta del Bar Ascensión echa el cerrojo». Así comienza la carta de despedida a sus paisanos, los apenas cien vecinos de Bárcena de la Abadía, en el Bierzo, de Ascensión Ramón, la tabernera más longeva de España (a saber si del mundo) que con esta misiva comunica a sus fieles parroquianos el cierre del bar «por muchas circunstancias», entre las cuales la buena señora no menciona su esplendorosa edad. Todo lo contrario, ha llegado a los 104 tacos «con plena capacidad física y mental, a lo que doy gracias a Dios».

Sin embargo, no oculta su «gran tristeza» por que su pueblo, sin escuela desde hace ya largos años, se quede ahora sin bar, el último refugio –o «la válvula de escape», como ella lo llama– donde vecinos y forasteros compartían el café y las copinas de orujo de las tertulias, las partidas al tute y al truco (parecido al mus), las alegrías y «también las tristezas».

Ascensión, quien creció tras la barra de la casa de Santos, como era conocido el establecimiento (que luego se llamó casa de Ascensión o bar La Viuda), hace memoria y repasa en un pispás los últimos cien años de su vida, que son también los de la historia de España: «Hemos pasado tiempos difíciles, años de miseria, de guerras, de hambruna, de posguerra, de crisis... épocas buenas y no tan buenas de las que hemos salido con trabajo y sacrificio». Frente a esos sinsabores, se queda con las charlas con vecinos, amigos y gente de paso, las noches en vela «con uno o dos clientes con un vasillo de vino», y con aquellos bailes del sábado con música en vivo, de los que salieron «unos cuantos matrimonios».

La carta, según contó este jueves Higinio, uno de sus siete hijos, ha tenido una repercusión «inimaginable». «Nos están llamado radios y teles de toda España».

En su despedida, esta abuela de nueve nietos y bisabuela de cinco jovencitos de entre 27 y seis años, da un toque de atención a los gobernantes para que «tomen medidas» para aliviar la carga fiscal que recae sobre los bares rurales. «No podemos soportar los mismos impuestos y exigencias como si estuviéramos en la Puerta del Sol», dice, y subraya que en los pueblos pequeños, como los que salpican esta comarca minera de León, las tascas son el único rincón de encuentro y funcionan como «lugar de terapia». En el suyo hubo niños, profesores y mineros. Hoy, solo quedan pensionistas. Ascensión, que en octubre cumplirá 105, aseguró a este periódico que aunque echa el cierre, las puertas de su bar siempre estarán abiertas para compartir un «trago, un pinchito y un ratín para conversar».

 

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