La prostitución en Europa se enfrenta a la igualdad de género

Prostituta alemana aguarda la llegada de clientes en un prostíbulo del Barrio Rojo de Ámsterdam. /ANOEK DE GROOT (AFP)
Prostituta alemana aguarda la llegada de clientes en un prostíbulo del Barrio Rojo de Ámsterdam. / ANOEK DE GROOT (AFP)

Los 'regulacionistas' amparan la prostitución y los 'prohibicionistas' la penalizan, mientras los 'abolicionistas' persiguen al cliente

DOMÉNICO CHIAPPE

Existen dos formas básicas de considerar la prostitución en Europa, afectadas ambas por la visión de igualdad de género. Una sostiene que es una violación de los derechos de las mujeres, a quienes considera explotadas. «El enfoque legislativo que le acompaña es 'abolicionista' y penaliza las actividades relacionadas con la prostitución, a veces incluyendo la compra de servicios sexuales, mientras que la prostitución en sí misma no es ilegal», explica Mary Honeyball, miembro de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género de la Unión Europea, en una ponencia de 2014. La otra mirada es totalmente contraria: fomenta el derecho de la mujer a controlar qué desea hacer con su cuerpo. «Dentro de este modelo 'regulacionista', la prostitución y las actividades relacionadas son legales y las mujeres, libres de contratar proxenetas», expone.

En estas dos aguas se han movido también las políticas públicas para enfocar socialmente la prostitución en Europa. Prohibición, regulación y abolición, con variaciones más modernas en algunos países, como los nórdicos. «En los últimos años, ha habido una transformación de las políticas, que eran principalmente 'abolicionistas' en Europa occidental y 'prohibicionistas' en el Este, hacia la represión abierta que criminaliza al cliente, o hacia la aceptación pública, a través de nuevas leyes», escribe la socióloga Daniela Danna, en su trabajo 'Reporte de las leyes aplicadas a la prostitución en la Unión Europea', de la Università degli Studi di Milano.

Un mapa europeo de leyes y reglamentos sobre prostitución podría dividirse entre los 'prohibicionistas' -que persiguen a la prostituta-, como Lituania, Malta, Rumanía, los 'abolicionistas', con Francia, Italia, Portugal, Reino Unido, Finlandia, entre otros, y los matices de Bélgica y España, que consideran legal la «prostitución bajo techo», señala Danna. Además estarían los 'regulacionistas' -que hacen controles de salud-, como Grecia, Hungría (en áreas restringidas) y Letonia (solo en interiores), y los 'neoregulacionistas' como Alemania y Países Bajos que exigen chequeos sanitarios e impuestos. «Lo que se maneja como un problema de prostitución en un país puede verse como trata de personas en otro», confirman Charlotte Holmström y May-Len Skilbrei, autoras de 'Prostitución en los países nórdicos'. En el 'neo-prohibicionismo' destaca Suecia que considera desde 1999 que los trabajadores del sexo son «víctimas», al entender que es una forma de violencia contra la mujer. Al mismo tiempo que prohibió la compra de servicios sexuales, despenalizó la actividad de quien la ejercía. Oficialmente se asegura una reducción de la prostitución entre 50% y 75%, pero otros estudios señalan que sólo los ha ocultado en zonas sin vigilancia. «Las prostitutas ya no son multadas pero han tenido que desplazarse a zonas más apartadas y menos seguras, donde carecen de protección», asegura Rubén García Alonso, psicólogo social de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). «En Holanda, cuando empezaron a multar a los clientes, las prostitutas se vieron en un ambiente más precario y peligroso si trabajaban por su cuenta, mientras que en la zona roja están obligadas a hacerlo para los dueños de locales».

Sin soluciones

Se calcula que existen casi 14 millones de personas que ejercen la prostitución en el mundo, en un mercado de más de 150.000 millones de euros. Las tarifas para el cliente varían según el lugar y la persona. En India, un euro por un adulto, 1.000 por una virgen. En España, de 300 euros la hora por una acompañante a 20 por 'servicio' en la calle. En Europa, la población más numerosa, unos 400.000, está en Alemania, el 68% procedente de Europa del Este, que ejercen en sus 3.500 burdeles. Sólo 3% trabaja en la calle.

Alemania legalizó la prostitución en 2002. Una de sus ciudades, Bonn, ha llegado a recaudar 250.000 euros en impuestos anuales por este concepto, pero «en 2007, el Gobierno alemán admitió que la ley de legalización de la prostitución no había reducido la delincuencia y más de un tercio de los fiscales alemanes señalaron que la legalización de la prostitución ha complicado su labor de perseguir la trata de seres humanos y el proxenetismo», asegura Honeyball.

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