El motín de los tangas

La parlamentaria socialista Ruth Coppinger muestra un tanga durante las protestas de Dublín./R.C.
La parlamentaria socialista Ruth Coppinger muestra un tanga durante las protestas de Dublín. / R.C.

Miles de mujeres protestan en las calles de Irlanda tras la absolución de un acusado de violación cuya defensa sugirió que la ropa interior de la víctima era «provocativa»

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSOMadrid

La absolución de un hombre de 27 años acusado de violar a una joven de 17 ha desatado una oleada de protestas en Irlanda que ha llegado hasta el parlamento del país. El jurado -formado por ocho hombres y cuatro mujeres- creyó punto por punto el testimonio del varón, que se defendía alegando que «la relación fue consentida». Por contra, la víctima aseguró que fue «forzada a mantener sexo en plena calle». Pero el detonante del descontento, por encima del veredicto, ha sido la ropa interior que llevaba la adolescente, un tanga con encaje, que ha servido de argumento para que la defensa del joven lograse eximir a su cliente al considerarla como «provocativa».

Concretamente la abogada defensora del acusado, Elizabeth O'Connell, preguntó al jurado si «¿superan las pruebas la posibilidad de que se sintiera atraída por el acusado? Solo hay que mirar la forma en que estaba vestida. Llevaba una tanga con un frente de encaje».

La idea de que una prenda de vestir pueda servir como consentimiento explicito para mantener una relación sexual ha provocado varias manifestaciones en las principales ciudades del país como Dublín, Limerick o Cork. Todo empezó en el Parlamento Irlandés este martes, cuando la diputada socialista Ruth Coppinger mostró un tanga en señal de indignación al resto de la cámara. «Puede parecer vergonzoso mostrar un tanga aquí, pero ¿cómo creen que se siente una víctima de violación o una mujer ante la incongruencia de que su ropa interior sea cuestionada en un tribunal?», afirmó ella.

Al día siguiente, miles de mujeres salían a la calle convocadas por varias asociaciones feministas bajo el lema 'Esto no es consentimiento' y portando esta prenda interior como señal de protesta. Twitter también se llenaba de fotos de tangas en solidaridad con las manifestantes. Mientras tanto, en Cork, al sur del país, unas 200 manifestantes colocaron la ropa interior en los escalones de la corte donde se llevó a cabo el juicio.

El veredicto del jurado y las posteriores protestas han generado un debate en el país. Noeline Blackwell, la directora del Centro de Crisis de Violaciones de Dublín, fue contundente y exigió un cambio en la ley. «Este tipo de mitologías y estereotipos en torno a la violación aparecen una y otra vez en los casos judiciales porque la defensa de la violación es que el sexo fue consensuado. Por lo tanto, cualquier cosa que el acusado pueda hacer para sugerir que hubo consentimiento se usará en su defensa», explicaba al diario local Irish Independent.

Charlie Flanagan, el ministro irlandés por la justicia y la igualdad confesó que estaba abierto a la idea de cambiar la ley sobre la realización de ensayos de violación, pero esperaría a las conclusiones de un grupo de revisión antes de tomar una decisión.

«Si es necesario un cambio legislativo, entonces estaría muy interesado y propondría llevarlo a cabo, no me gustaría comentar sobre casos individuales, pero fue una abogada que planteó la pregunta en ese caso en particular », aseguró Flanagan al irlandés Examiner.

La campaña 'This is not consent' ha traspasado fronteras e inundado las redes sociales de tangas en solidaridad con el caso irlandés.

Un pantalón vaquero

En otros países también hay precedentes de intentar usar la vestimenta de una víctima de violación como argumento defensivo para el agresor. En Italia, el abuso sexual de una mujer que vestía pantalones vaqueros no se consideró un delito de violación en 1990, «ya que para quitarse esta prenda se necesita la colaboración de quien la lleva», dictamó una sentencia del Tribunal Supremo.

En Egipto, en 2017, el abogado Nabih al-Wahsh justificó las violaciones a «las mujeres que llevasen pantalones vaqueros rotos». Según este individuo «cuando una chica camina así es un deber patriótico acosarla y un deber nacional violarla».

Ese mismo año, en España, la jueza de Vitoria María del Carmen Molina Mansilla pregúntó a una víctima de violación «por qué no había cerrado las piernas» mientras su pareja intentaba abusar de ella. El caso provocó numerosas protestas y la conducta de la magistrada fue investigada por el Consejo General del Poder Judicial, pero el caso fue archivado.

 

Fotos

Vídeos