El Salvador mantiene sus oficinas abiertas y opera «con normalidad»

Un vehículo fúnebre de El Salvador, el mismo día que se produjeron los registros. /Ramón Gómez
Un vehículo fúnebre de El Salvador, el mismo día que se produjeron los registros. / Ramón Gómez

La demanda se dispara en Nevasa y San José y las familias piden más garantías en las incineraciones

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Son unos setenta trabajadores, entre fijos y eventuales, los que tiene el Grupo El Salvador en la actualidad. En Valladolid cuenta al menos con 21 en el tanatorio, de los que 18 son indefinidos y 3, eventuales, y en las oficinas de Funeraria Castellana otros siete. Son los lugares en los que se produjeron los registros más exhaustivos el pasado jueves, y en los que trabajaban los once empleados que fueron detenidos junto a los cuatro miembros de la familia propietaria de la empresa.

El Salvador, a pesar del revuelo organizado, ha seguido prestando servicio de forma ininterrumpida desde el mismo jueves, cuando se inició la operación policial. «Estamos funcionando, todas las oficinas están abiertas y se han celebrado entierros e incineraciones», explicaba ayer un trabajador a este diario.

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«Todos los que estábamos el día 31 seguimos allí», insistía, aunque ninguno de los consultados por El Norte ha podido precisar si se ha notado un descenso de la demanda respecto a lo que venía siendo habitual en el que era, por facturación, el primer grupo de pompas fúnebres de la provincia. El número de trabajadores afectados por esta situación puede oscilar levemente, ya que El Salvador gestiona en régimen de concesión algunos tanatorios municipales de la provincia. Según ha podido saber El Norte, en esos casos los empleados también son del grupo, puesto que los peones municipales de usos múltiples, que se hacían cargo entre otras cosas de los enterramientos en los municipios más pequeños, han desparecido como figura con estas funciones. La empresa presta servicio «con normalidad», según varios de sus trabajadores, y sin incidencias reseñables con los clientes, más allá de las dudas sobre si siguen operativos.

Mientras los trabajadores de El Salvador tratan de atender la demanda que continúa llegando a las instalaciones, los de los tanatorios de Nevasa y San José se han encontrado con un aumento que les han obligado, en el caso de la sociedad mixta Necrópolis de Valladolid SA, a reforzar personal.

Mémora, multinacional que adquirió recientemente la funeraria La Soledad, propietaria del tanatorio San José, admitía a Efe un día y medio después de conocerse los hechos que habían «experimentado un aumento de la demanda de servicios funerarios» en sus instalaciones.

José Luis Burgos, director gerente de Nevasa, era más contundente. «Esto es de locos, hemos reforzado personal, pero no podemos construir de la noche a la mañana más salas. Estamos optimizando todas las operaciones porque lo más importante siempre es el trato humano que le das a los allegados. Hay que tener en cuenta que están en una situación anímica muy dura y debes ser exquisito y atento en el trato, así que como tenemos eclosión de operaciones hemos tenido que reforzar», señalaba. Y añadía que tenía constancia de que «también los competidores de San José» pasaban por el mismo trance.

«Casi el mismo día ya se comenzó a notar», señaló. «Sé que algunos se fueron ese mismo día del tanatorio El Salvador y acudieron a otro de los dos».

«Tenemos lleno el aparcamiento, estamos a tope de salas. Tenemos seis, igual que San José. El fin de semana estaban todas ocupadas, teníamos cuatro personas en cámaras y hemos tenido que alquilar enfrente, que ya no podían porque están como nosotros», explica gráficamente.

Pero no solo ha habido una repercusión inmediata en el número de sepelios. También en las garantías que exigen las familias. «Tenemos desde hace mucho sistema de circuito cerrado de televisión para que cualquier familia que quiera presenciar la preparación del féretro antes de introducirse en el horno pueda verlo. Hay mucha gente que no quiere verlo. Apenas un 5% sí lo hacía. Desde que ha pasado esto, todo el mundo quiere verlo», señalaba Burgos. «Otra cosa que nos hemos encontrado es que nos han preguntado, en caso de incineraciones, qué íbamos a hacer con las coronas. Se las quieren llevar, así que se las cargamos en el coche», señala.

La incineración es un servicio que ha crecido en los últimos años, explica Burgos, que cumple 25 años en Nevasa. «Fuimos los primeros porque la ley decía que en ciudades de un determinado tamaño era obligatorio el horno crematorio. Lo pusimos en marcha porque existía esa obligación, pero era muy rara la incineración».