Palo de la Comisión Europea al borrador presupuestario de Pedro Sánchez

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. /Reuters
Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. / Reuters

La Comisión avisa de una «desviación significativa de la senda de ajuste» y cuestiona la credibilidad de su plan de ingresos

SALVADOR ARROYOCorresponsal. Bruselas

El proyecto presupuestario del Gobierno de Pedro Sánchez «corre el riesgo» de incumplir las normas del club. Así lo entiende la Comisión Europea en un veredicto, que este miércoles hizo público, al que han precedido dos advertencias: la petición de información complementaria trasladada por carta al Ministerio de Economía el 19 de octubre y las previsiones de otoño lanzadas el pasado 6 de noviembre. Bruselas insiste: no le cuadran los números que figuran en el borrador propuesto por equipo de Nadia Calviño; sus medidas para mejorar el régimen tributario, los ingresos previstos, su proyección de gasto y el calendario para acotar el endeudamiento no conforman el puzzle deseado.

El nuevo toque de atención llega en un momento en el que el borrador pactado con Podemos está más cerca que nunca de mutar (por falta de apoyos parlamentarios) en la prórroga de las cuentas del anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy, a la que se acompañarían una batería de decretos ley con los que Sánchez querría ejecutar sus propuestas estrella, como el incremento del Salario Mínimo Profesional (SMP) hasta los 900 euros, y aguantar la legislatura hasta, al menos, mayo.

Si fuera así, si se cambiase el plan actual, el proceso volvería a la casilla de salida. Bruselas tendría que conocer todos los detalles. Y dictaminar. Sea como fuere, el que hoy está sobre la mesa, tampoco le convence. Porque, se insiste, dibuja un escenario que «corre el riesgo de incumplir las exigencias del Pacto de Estabilidad y Crecimiento para 2019». El ejecutivo comunitario se basa en las últimas previsiones económicas, «que indican una desviación significativa de la senda de ajuste exigida hacia el objetivo presupuestario a medio plazo y el incumplimiento del valor de referencia transitorio para la reducción de la deuda en 2019». Porque, ahí cae el primer pilar, España no bajaría la empinada escalera de la deuda al ritmo exigido hasta quedarse en el 60% del PIB. Madrid piensa que se quedará en el 95,5% el próximo año, pero Bruselas habla del 96,2%.

La situación de «riesgo» que se advierte para España (como débil 'consuelo') también se traslada para las Cuentas Públicas de Bélgica, Eslovenia, Francia y Portugal. Pero sigamos en España. Vladis Domvrovskis, vicepresidente de la Comisión, incide en la principal laguna. Europa requirió un margen de mejora del 0,65% del PIB en «su equilibrio estructural» (un déficit que no atiende a ciclos económicos concretos). Eso se traduce en bajar los números rojos en 7.500 millones. Madrid planteó que conseguiría el 0,4% (tres millones menos que lo que le pedían). Pero, analizado en profundidad todo el borrador, se advierte un recorte imperceptible; rayando el cero. Ni un euro.

Ingresos hinchados

Vistas las cifras por periodos económicos concretos, las previsiones lanzadas hace unas semanas coincidían con Madrid en que el nivel de déficit (la diferencia entre ingresos y gastos) al cierre de este ejercicio se situará en el 2,7%, -un dato que permite al país abandonar uno de los mecanismos correctores más rigurosos de la UE, el procedimiento por déficit excesivo en el que se encuentra inmerso desde 2009-. Pero la desviación será evidente en 2020; frente a 1,8% que calcula el Ministerio de Economía, los técnicos comunitarios le responden con un 2,1%.

Impacto del gasto, pero también incertidumbre sobre los ingresos. Se ha tirado por lo alto. Domvrovskis incidió en que hay muchas medidas anunciadas por España que «aún no están legisladas y que no se pueden tener en cuenta». Y ahí entran la tasa a los servicios digitales o «tasa Google», el impuesto a las transacciones financieras e, incluso, las «dudas sobre el impacto fiscal de la subida del SMI» que se estima (pero solo se estima) que reportaría en torno a los 1.200 millones de euros a las arcas. En este punto, es cierto, no existe mucho diferencia (1.500 espera conseguir España). Pero el resto continúa siendo humo.

En consecuencia, el diagnóstico indica «una desviación significativa de la senda de ajuste exigida hacia el objetivo presupuestario a medio plazo y el incumplimiento del valor de referencia transitorio para la reducción de la deuda en 2019». El mismo veredicto emplaza a España a acelerar el paso en cuanto a las reformas estructurales en el ámbito fiscal porque los «progresos han sido limitados».

La calificación de «riesgo» se plantea cuando se considera técnicamente que serían necesarias más reformas estructurales, pero son «riesgos y los riesgos pueden no materializarse», matizó para aligerar el impacto del término, Pierre Moscovici, comisario responsable de Asuntos Económicos. Aunque también incidió en que todo se apoya en unas previsiones macroeconómicas que no suelen diferir muchos de las de OCDE.

Y precisamente este miércoles la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico revisaba a la baja las previsiones de crecimiento económico para España: del 2,6%, dos décimas menos de lo esperado para este año; bajando la marcha hasta el 1,9% en 2020. Los datos de Bruselas, difieren en poco. También 2,6% para este año y 2% para el próximo. Una nueva matización al Ejecutivo socialista que, sin embargo, Calviño leyó con el vaso medio lleno. Son previsiones, dijo, «alineadas con las del Gobierno». Respecto a lo planteado desde Bruselas, el mismo tono, donde hay toque de atención percibe un «signo muy positivo de confianza» en un proyecto presupuestario cuya credibilidad es «altísima».

 

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