Kim Jong-un y Trump buscan pasar de las palabras a los hechos

Protesta en Seúl contra la cumbre entre Trump y Kim Jong-un/EFE
Protesta en Seúl contra la cumbre entre Trump y Kim Jong-un / EFE

Los líderes de Corea del Norte y Estados Unidos se reúnen por segunda vez para dar contenido real al proceso de desnuclearización de la península

ZIGOR ALDAMADacca

Probablemente la península de Corea sea el único lugar del mundo en el que la tensión ha disminuido desde que Donald Trump accedió a la presidencia de Estados Unidos. De hecho, aunque en un inicio pareció que la relación entre Washington y Pyongyang estaba abocada a una escalada bélica propulsada por constantes pruebas nucleares y de misiles balísticos norcoreanos, todo cambió el 1 de enero del año pasado, cuando Kim Jong-un dio un vuelco a su agresividad y puso en marcha un proceso de reconciliación que el próximo miércoles dará un nuevo paso. En Hanói, Kim y Trump se estrecharán la mano por segunda vez en menos de un año.

Aunque el escepticismo fue la reacción más extendida por el mundo cuando el dictador norcoreano anunció su intención de que una delegación de su país participase en los Juegos Olímpicos de Invierno organizados en Corea del Sur, lo cierto es que se han dado importantes avances en la pacificación y en la desnuclearización de la península. A pesar de que Estados Unidos no ha relajado todavía las sanciones económicas que estrangulan al régimen de la dinastía Kim, el joven dictador sí que ha cumplido con su palabra: no ha realizado ninguna prueba militar más, ha destruido algunas de las instalaciones utilizadas para desarrollar el armamento atómico, ha devuelto los restos de soldados americanos caídos en combate y ha continuado promoviendo el diálogo en las diferentes reuniones que ha mantenido con los líderes vecinos, Corea del Sur y China.

Eso ha permitido que Kim y el presidente surcoreano, Moon Jae-in, se hayan comprometido a incrementar los intercambios económicos y humanos. En el segundo apartado, se ha permitido la reanudación de las reuniones entre familias que quedaron divididas tras la Guerra de Corea (1950-53), pero en el ámbito económico las sanciones son un escollo insalvable. De hecho, han provocado que el comercio exterior de Corea del Norte con su principal socio, China, se desplomase el año pasado un 52,4%.

A pesar de ello, Pyongyang saca pecho y muestra nuevas promociones inmobiliarias e incluso la construcción de complejos turísticos en primera línea de playa. Después de haber demostrado claramente que su arsenal nuclear no es un farol -e incluye incluso la temida bomba de hidrógeno-, todo apunta a que Kim desea embarcarse en reformas similares a las que han convertido a China en la segunda potencia mundial -y están convirtiendo a Vietnam en una potencia regional- para impulsar una nueva etapa de desarrollo económico y mejorar la calidad de vida de la población. No obstante, para lograrlo es necesario que las sanciones se levanten o, por lo menos, se relajen.

Cabezas nucleares

Así que la pelota está ahora en el tejado de Trump. ¿Cumplirá él también sus promesas? En este segundo encuentro ya no valen las buenas palabras. Se esperan hechos. Aunque el mandatario americano puede continuar presionando a Kim para que comience a destruir sus cabezas nucleares o permita que los avances sean supervisados por equipos de verificadores internacionales, es evidente que tendrá que ofrecer algo a cambio. De lo contrario, como ya avanzó el propio Kim durante su último mensaje de Año Nuevo, todo lo alcanzado podría evaporarse rápidamente.

Y no sería la primera vez que eso sucede: en 2008, cuando Corea del Norte todavía estaba gobernada por Kim Jong-il, el régimen ordenó la demolición de una torre de refrigeración clave para las instalaciones nucleares de Yongbyon, momento que fue capturado con gran algarabía por un selecto grupo de periodistas extranjeros. Luego, cuando las relaciones se torcieron de nuevo, la torre se reconstruyó y el programa militar nuclear continuó su desarrollo. De momento, los avances en esta ocasión han sido cosméticos -las instalaciones nucleares derruidas en Tongchang-ri y Punggye-ri no son críticas para el programa nuclear- y nada de lo avanzado es irreversible.

Por eso es imprescindible lograr cierto entendimiento para continuar caminando hacia la paz. Kim y Trump podrían acordar la firma de un tratado de paz que ponga fin a la guerra que se cerró en falso con un armisticio y, sobre todo, el desmantelamiento de instalaciones críticas a cambio del levantamiento de algunas sanciones que den oxígeno a Pyongyang. Corea del Norte también podría aceptar la llegada de observadores internacionales, aunque es poco posible que ofrezca desmantelar su arsenal en estos primeros pasos. Porque si hay algo seguro es que, aunque no se interrumpa, el proceso en curso será largo.

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