Muere la exministra socialista Carmen Alborch a los 70 años

Carmen Alborch. / Foto: Archivo | Vídeo: Atlas

Fue ministra de Cultura, diputada, senadora y concejala pero era, sobre todo, una escritora metida accidentalmente en política

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Fue la última ministra de Cultura de los gobiernos de Felipe González, pero, sobre todo, fue uno de los iconos más reconocidos del feminismo de los años 90. Su melena roja, sus vestidos no especialmente discretos y su perpetua sonrisa -que le granjearon los apodos de 'ministra pop' o 'ministra Almodovar'- también le sirvieron para ser uno de los rostros más amables y joviales de un Ejecutivo socialista que, atosigado por la oposición y los escándalos, ya había perdido la chispa y estaba a punto de perder la Moncloa.

Carmen Alborch Bataller (Castellón de Rugat, Valencia, 31 de octubre de 1947) falleció ayer en su domicilio de Valencia a los 70 años. Sabía que estaba muy enferma de cáncer, pero no dejó la vida pública. El pasado 9 de octubre, en el Día de la Comunitat Valenciana, reapareció para recibir la Alta Distinción de la Generalitat en reconocimiento a su trayectoria, un acto al que acudió Pedro Sánchez.

El feminismo «debería de ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad» Carmen Alborch

Aquel día, a pesar de que ya se tenía que ayudar de un bastón (colorido, como no) y de que sus palabras ya no eran tan fluidas, fue más Carmen Alborch que nunca al defender, una vez más, su amado feminismo, del que dijo «debería de ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad».

Como ministra de Cultura desde julio de 1993 a mayo de 1996 se le recordará por ser la gran impulsora de la primera ampliación del Museo del Prado. Tras alcanzar la cima de su carrera política entonces, no abandonó la primera línea tras la derrota socialista y la llegada de José María Aznar. Siguió como diputada, siempre por Valencia, hasta marzo de 2008. Después fue senadora, por Valencia, hasta enero de 2016.

En 2007 incluso, el PSPV y José Luis Rodríguez Zapatero pensaron en ella para intentar desbancar de la alcaldía de Valencia a Rita Barberá, quien para entonces llevaba 16 años al frente del consistorio de la capital del Turia. Pero el 'efecto Alborch' no hizo mella en la alcaldesa popular, quien estaba en sus horas más altas y volvió a arrasar con el mejor resultado (el 56% de los votos) de sus cinco victorias consecutivas con mayoría absoluta. Algunos de sus correligionarios socialistas entonces justificaron la derrota de la exministra, que se quedó como concejala de la oposición hasta 2011, por su poco «perfil político».

Sin afiliarse

Y es que Alborch, sobre todo, era una mujer de universidad y una escritora metida accidentalmente en política. De hecho, a pesar de llegar a ser ministra, no se afilió al PSOE hasta cuatro años después, en 2000.

Llegó a la política de la mano del entonces conseller de Cultura de la Generalitat Valenciana, Ciprià Císcar, que le ofreció la Dirección General de Cultura y ella aceptó, aunque para ello tuviera que abandonar el decanato de la Facultad de Derecho de Valencia, al que había accedido con tan solo 37 años, y a su proyecto de continuar con sus estudios en Nueva York. Antes de desembarcar en la política nacional, dirigió el recién nacido el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).

Su faceta de escritora estuvo marcada por el éxito a finales de los noventa y principios de siglo. Aunque antes (con obras jurídicas y de arte) y después (con libros de diferente temática) había logrado colarse en las librerías, su trilogía de temática feminista la convirtió en una de las autoras más leídas de aquellos años (Solas, 1999; Malas, 2002; y Libres, 2004).

Su muerte tiñó de luto a todo el arco político y cultural del país. «Su personalidad desbordante de optimismo y su compromiso serán su legado», dijo Felipe González. «Una feminista pionera y una mujer de principios», apuntó Pedro Sánchez.

Más información

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos