Sánchez aguanta el tirón de su semana más tormentosa

Pedro Sánchez./REUTERS
Pedro Sánchez. / REUTERS

El jefe del Ejecutivo ha visto como en pocos días saltaba por los aires el pacto con el PP para el Poder Judicial y sus socios parlamentarios le daban la espalda

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASLa Habana

Pedro Sánchez no claudica. Quizá lo pareció el pasado martes cuando el juez Manuel Marchena dijo basta y saltó por los aires el pacto alcanzado con el PP para la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Pablo Iglesias llevaba avisando varios días de que, sin Presupuestos, lo más «sensato» sería convocar elecciones generales. El propio secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, había admitido el día anterior que no podía descartar unas elecciones generales en mayo o en cualquier otra fecha. Y el presidente del Gobierno dijo a 'The Economist' una frase que puso en estado de alerta al resto de partidos : «Si no hay Presupuestos mi voluntad de agotar la legislatura se verá acortada». Sólo tres días después, desde Cuba, volvió a su mantra: «Seguiré gobernando».

En el entorno del jefe del Ejecutivo aseguran que esta no ha sido para él, ni mucho menos, una semana mala. «Las ha habido mucho peores», aseguran incluso. Sobre el papel, cualquiera diría lo contrario. Al margen del bombazo lanzado por Marchena, el Congreso reprobó por tercera vez, gracias a la abstención de Esquerra, socio fundamental en la moción de censura, a la ministra de Justicia, Dolores Delgado; la UE cuestionó seriamente las cuentas para 2019 por entender que se desvían de los objetivos de déficit y deuda, y el Reino Unido marcó al Gobierno un gol por la escuadra en un tema tan delicado como el de Gibraltar en el acuerdo del 'brexit'. Pero Sánchez, que empezó la semana en Rabat y la acabó con una histórica visita a La Habana, la ha vivido, dicen sus colaboradores, de otra manera: «Está muy satisfecho».

El presidente ha desarrollado una habilidad especial para aislarse de cuestiones que a otros quitarían el sueño. Con total naturalidad ha asumido que si no tiene los votos para sacar adelante los Presupuestos del año próximo no los presentará y seguirá adelante modificando los del PP con reales decretos ley para las que sí espera contar con los independentistas y Podemos. Si la Constitución establece claramente que el Gobierno debe remitir al Congreso su proyecto presupuestario tanto da. «Estamos en un momento de excepcionalidad», aducen en Moncloa. Interiorizado ese argumento, todo análisis político queda subordinado a una sola cuestión: será lo que Sánchez quiera.

Elecciones en otoño

En el PSOE hace tiempo que se da por hecho que, como pronto, las generales serán en otoño de 2019. Fue el mensaje que empezó a instalarse en septiembre después de otras semanas 'horribilis' que comenzaron con el cese de la ministra de Sanidad y estrecha colaboradora de Sánchez ,Carmen Montón, por las irregularidades de su máster y siguieron con los polémicos audios de una comida de Delgado con el excomisario José Villarejo y la noticia de que el ministro de Ciencia, Pedro Duque, había comprado una vivienda a través de una sociedad instrumental. Lo de Montón, admiten fuentes cercanas al presidente sí le afectó; el resto, no. «Aquella semana perdimos la inocencia», dicen.

Sánchez ha desarrollado una habilidad para aislarse de cuestiones que a otros le quitarían el sueño

La razón de alargar la legislatura radica en el deseo de no interferir con otras citas electorales, especialmente, con las autonómicas de mayo. Pero en realidad nada está escrito. El jefe del Ejecutivo alentó el viernes la tesis de que se mantiene en ese plan al advertir a Pablo Iglesias de que será mejor que se tome su tiempo para realizar las primarias porque tiene intención de seguir gobernando «unos cuantos, bastantes, meses». Sin embargo, sus más próximos advierten: «lo que quiere decir, en realidad, es que la fecha de las elecciones será una decisión soberana y autónoma».

En el Gobierno, además, no se creen los avisos de Iglesias. Sostienen que él y Sánchez hablan con mucha frecuencia y que todo es pura «escenificación». La campaña de las andaluzas ha abierto un ciclo de lucha partidista que lo condiciona todo y cada uno representa el papel que, dicen, más le puede interesar. Pero Sánchez está convencido que ninguno de los partidos que le apoyaron en la moción le dejarán solo cuando lleve al Congreso decretos ley sobre asuntos como la subida del salario mínimo a 900 euros o las prestaciones para parados de larga duración mayores de 52 años. Ese es su principal balón de oxígeno, el otro es la política internacional. En lo que va de mes, Sánchez ha estado en París en el centenario del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial; en Guatemala, en la Cumbre Iberoamericana; en Marruecos, donde se entrevistó con Mohamed VI, y en Cuba, donde ningún presidente había puesto un pie en visita oficial desde hacía 32 años, pero además en breve volará al G-20 que se celebra en Buenos Aires. «Está haciendo un buen trabajo», aducen los suyos.

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