Los ganaderos de Las Merindades vuelven a clamar contra las ataques del lobo

Imagen de la herida causada/BC
Imagen de la herida causada / BC

En los últimos días se han producido varios ataques con resultado de tres potros muertos y dos heridos | Se sienten abandonados y recuerdan que «viven» de su ganadería

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Los ganaderos de Las Merindades han vuelto a alzar la voz contra los ataques continuados del lobo sobre su cabaña ganadera, los más recientes registrados en los últimos días. José Miguel Sainz, un joven ganadero de Rozas de Valdeporres, denuncia que uno de sus potros, de un mes de vida, sufrió el jueves un ataque. Quedó vivo porque ya tiene «fuerza», pero los potros son ahora muy pequeños y cualquier encontronazo con el lobo puede suponer fácilmente su muerte, insiste Sainz.

Otros compañeros de la zona han sufrido ataques similares, que han acabado con tres animales muertos y otro herido con mordeduras. Estos que quedan con vida ya quedan tocados, reconoce el ganadero, pues no se desarrollan al mismo ritmo que los demás. Así, entre los animales que mueren y los que sufren heridas, de diferente consideración, se van mermando las cabañas ganaderas y «estamos en mayo», apunta Sainz.

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Los ataques del lobo son continuados y, en años anteriores, han sufrido mermas muy importantes, como hace un par de veranos, recuerda este ganadero, que teme que cuando llegue el buen tiempo la siutación se agrave y «nos quedemos sin ningún animal». El ataque que ha sufrido su potro ha tenido lugar a 250 metros del pueblo, ha afirmado, y aunque dipsonen de fincas particulares no hay forma de ponerle coto al lobo, menos aún cuando la cabaña sale a pastar al monte.

«Nos tienen abandonados», se lamenta José Miguel Sainz, pues las administraciones no hacen nada para evitar esta situación ni paliar las consecuencias. Los agentes medioambientales son los encargados de registrar los incidentes, pero únicamente apunta como causa de la muerte o la moderdura el ataque de un cánido, «presumiblemente el lobo», pues como nadie lo ha presenciado no se puede asegurar al cien por cien, y las consecuencias económicas de los daños las asumen los ganaderos.

«A mí nunca me han pagado nada por los ataques«, afirma José Miguel Sainz, quien recuerda que los ganaderos »viven« de la producción de sus cabañas, ya sea de la venta de los animales o de su crianza para reproducción. La protección de animales salvajes como el lobo no debe de hacerse a costa del ganadero, reitera, y critica la falta de control cinegético por parta de la Junta de Castilla y León.