Secano y regadío miran al cielo a la espera de la lluvia que garantice una buena cosecha

Imagen de una tierra de regadío/Henar Sastre | El Norte
Imagen de una tierra de regadío / Henar Sastre | El Norte

Las lluvias de las últimas semanas han «resucitado» al campo burgalés pero no está todo salvado | Los regadíos del Arlanza podrían sufrir restricciones al finalizar el verano

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Los agricultores, ya sean de secano o de regadío, coinciden en que las lluvias caídas en las últimas semanas han sido una bendición para el campo burgalés. El año arrancaba con sequía y, ya entrada la primavera, el terreno comenzaba a notar la escasez de agua. Sin embargo, estas lluvias «lo han resucitado», apunta Susana Pardo, la presidenta de UCCL en Burgos, quien afirma que «si sigue lloviendo, la cosecha no va a ser mala», pero tiene que seguir lloviendo.

De la misma opinión es Gabriel Delgado, de UPA-COAG, quien afirma que «el cielo se ha portado». El invierno seco ha hecho algo de daño en algunas zonas de la provincia, pero ahora se están recuperando y el «campo está bien». Si buena será la cosecha si se mantiene la humedad en el terreno, aunque Delgado también recuerda que es muy pronto para hacer valoraciones pues todavía puede pasar cualquier cosa.

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Entre los imprevistos que pueden tener que asumir los agricultores de la provincia estarían, por ejemplo, las enfermedades derivadas de las altas temperaturas que, según las previsiones meteorológicas, se van a vivir durante los próximos días, apunta Pardo. Ello les obligaría a seguir incrementando los costes de producción, mientras los precios siguen estancados, mermando aún más la rentabilidad de las explotaciones.

Es el gran caballo de batalla del sector, los costes productivos. «Los insumos están carísimos» y, además, la cadena de valor penaliza a los agricultores. La industria agroalimentaria se lleva el 92% de los beneficios, mientras que para el productor deja un 8%, insuficiente para garantizar la rentabilidad de las explotaciones, que crecen y crecen hasta que se acaban arruinando.

El regadío, salvado

Una realidad que se sufre en todos los cultivos, pero principalmente en el secano. Jesús Manuel González Palacín ha recordado que los cultivos de regadío son más rentables y, además, tienen más margen de maniobra. El secano requiere de mucha inversión, de mucha superficie para poder vivir de su cultivo, de ahí que «donde hay regadío, hay gente joven e iniciativa». En los pueblos de secano «es muy difícil que los jóvenes se establezcan».

Aun así, la Junta de Castilla y León no hace una verdadera apuesta por el regadío, lamenta el coordinador regional de UCCL, pues hay proyectos sin rematar con treinta años de tramitación. Castilla y León «no sabe aprovechar la riqueza que tienen en el agua», afirma, pues no se cuenta con infraestructuras de regadío que permitan avanzar y solo se apuesta por la modernización de los existentes, cuando se hace.

En la cuenca del Arlanza podrían sufrirse restricciones de agua si no continúan las lluvias

González Palacín pone como ejemplo la presa de Castrovido, que continúa sin arrancar, pese a que la obra está concluida y a la espera de las pruebas de carga. Es una infraestructura vital para el Arlanza y cuyo retraso ha mermado las posibilidades de la cuenca, insiste, una opinión que comparte Dositeo Martín.

Gran conocedor del proyecto de Castrovido, Martín afirma que si las pruebas de carga se hubiesen iniciado ya, seguramente el regadío del Arlanza se habría librado, sin duda alguna, de las restricciones que ahora le amenazan para finales del verano. Ha habido dos riadas muy fuertes, recuerda, y se ha vivido un invierno seco, así que si no sigue lloviendo es problable que haya cortes para el verano.

«Si continúa lloviendo, con la humedad que tiene la tierra, se asegura el regadío y el secano», afirma Martín. En el sistema del Pisuerga, mientras, se espera una campaña de riego «normal». Jesús Manuel González Palacín recuerda que los embalses están al 80% y, si no se siembra todo de cultivos de verano, no hará falta restringir el riego. Y si llueve, mucho mejor, pues se garantizará más aún la cosecha.