Valdenoceda cumple con cuatro represaliados, esperando cerrar las identificaciones en un año

Los nietos de Santos Merino han recogido los restos de su abuelo de manos de José María González / PCR

Han entregado a las familias los restos de tres represaliados del penal burgalés, que han sido identificados en los últimos meses / Para un cuarto identificado se está pendiente de localizar a la familia

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Ya descansan en paz. Sus familias, también. La Asociación de Familiares de Represaliados de Valdenoceda ha hecho entrega, esta mañana, de cuatro restos identificados de presos, que fallecieron entre 1940 y 1941 en el penal burgalés. En un emotivo acto en el cementerio de Valdenoceda, los nietos de Santos Merino Serrano y de Eustasio Aparicio Jusdado han podido recoger los cuerpos de sus respectivos abuelos. También se han identificado los restos de Jesús Chabida Rico, cuya familia no ha podido asistir al acto de homenaje, y Antonio Bailón Cuadrado, con familia desconocida.

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Rebelión militar, adhesión a la rebelión o auxilio a la rebelión son los supuestos delitos que cometieron estos cuatro represaliados, los mismos por los que se condenó a cientos de españoles tras la Guerra Civil, y comunes a muchos de los 142 presos que murieron de hambre, miseria y enfermedades en el penal de Valdenoceda. Los nietos de Santos Merino, natural de Carrión de Calatrava (Ciudad Real), recuerdan que su madre les habló, durante toda la vida, de ese abuelo que murió en Valdenoceda.

Lo detuvieron, en un primer momento, acusado de robar trigo. Lo mandaron a Ciudad Real y, de ahí, a Burgos. «Se me quedó el nombre de Valdenoceda muy grabado», reconoce uno de los nietos, aunque no empezaron a buscar a su abuelo, el padre de su padre, hasta que no descubrieron la existencia de la asociación de familiares. «Mi obsesión era recuperar los restos del abuelo, esperando que mi padre pudiera estar vivo», insiste. Y lo ha conseguido; su padre con 92 años podrá enterrar dignamente a su progenitor, 77 años después de muriese de hambre el 2 de mayo de 1941. Y lo hará en casa, en Carrión de Calatrava.

El acto ha contando con numeroso públicos
El acto ha contando con numeroso públicos / PCR

También enterrarán en su pueblo natal, Colmenar Viejo, a Eustasio Aparicio Jusdado, que falleció de hambre el 29 de abril de 1941. Lo detuvieron en casa, acusado de adhesión a la rebelión y lo único que recoge su expediente militar es que se ocupó, durante algún tiempo, del Ayuntamiento de Colmenar, en sustitución de su titular, que tuvo que irse al frente. En la familia de Eustasio nunca se habló de su desaparición, tal vez por miedo a represalias. «En nuestra familia jamás se habló de ello; desapareció, sin más», apuntan los nietos.

De dos a cuatro

Las familias de Santos y Eusebio han recogido los cuerpos de sus abuelos muy emocionados, y agradeciendo el trabajo realizado por la Asociación de Familiares de Represaliados de Valdenoceda. Gracias a las cuotas de los socios, y a algunas donaciones, el proceso de identificación de cuerpos se ha podido retomar este 2018, tras varios años paralizado, y ha dado sus frutos. Tras las identificaciones de Santos y Eusebio, conocidas semanas atrás, recientemente han llegado también la de Jesús Chabida, natural de Cuéllar (Segovia) pero vecino de Madrid.

Era jornalero, se le condenó por auxilio a la rebelión y, de nuevo, murió de hambre el 24 de abril de 1940. La familia no ha podido asistir esta mañana al acto de homenaje, pero se le hará entrega del cuerpo, para que lo entierren como mejor prefieran. Mientras, Antonio Bailón, el cuarto de los identificados, todavía no tiene familia conocida. Nació en Manzanares (Ciudad Real) y falleció en el penal el 28 de marzo de 1941. Desde la asociación hacen un llamamiento para localizar a alguno de sus familires, pues la identificación está pelnamente confirmada.

Para 2019

Con estas cuatro identificaciones asciede a 66 el número de restos identificados, de los 114 cuerpos recuperados en las campañas de excavaciones de 2007. Las ayudas estatales de 2006 y 2009 permitieron abordar un proyecto, que se paralizó en 2015 por falta precisamente de fondos. Entonces se había identificado ya 62 restos y, además, la tarea del laboratorio se había encontrado con un escollo: la inicial coincidencia entre la cronología de los fallecimientos con un orden espacial de los enterramientos se rompió, y las identificaciones empezaron a fallar.

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La conversión de la agrupación de familiares en una asociación, con la suma de cuotas de socios, donativos y ayudas varias, ha permitido retomar el proceso de identificación. Además, la identificación de dos restos ubicados en espacios del cementerio que, por su fecha de fallecimiento no le corresponderían, ha debloqueado el trabajo del laboratorio.

Por ese motivo, Luis Ríos, uno de los arqueólogos implicados, ha asegurado esta mañana que confían en cerrar el proceso de identificación de los 114 restos en un año, aproximadamente. Luego quedará la recuperación, en una nueva campaña de excavaciones, de los cuerpos todavía enterrados, hasta llegar a esos 142 fallecidos en Valdenoceda.

 

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