El diagnóstico precoz y un masaje cardiaco «bien hecho», prioridades ante un infarto

Imagen de una intervención quirúrgica/Henar Sastre
Imagen de una intervención quirúrgica / Henar Sastre

El proyecto 'Busca' del HUBU trabaja para optimizar los tiempo de atención a pacientes con infarto de miocardio y reducir la mortalidad y los reingresos

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Seguro que lo han escuchado muchas veces en los últimos años. Es vital para cualquier ciudadano, no es necesario tener estudios médicos o sanitarios, saber hacer un buen masaje cardiaco pues puede salvar la vida de aquella persona que se encuentra en parada cardiorrespiratoria. Con un masaje cardiaco adecuado se consigue arañar el tiempo suficiente para que llegue el desfibrilador, se recupere el ritmo del corazón y se produzca el correspondiente traslado a un centro hospitalario.

Tras el infarto sufrido por el portero Iker Casillas, y el que sufrió un burgalés el pasado 1 de mayo en la calle Santiago, hemos acudido al Hospital Universitario de Burgos (HUBU) a conocer un poco mejor las patologías cardiacas y, en especial, los infartos. Factores de riesgo, diagnóstico, primeras atenciones, tratamiento definitivo, índice de mortalidad, perfil de los afectados....

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En el HUBU se cuenta con el programa 'Busca', que trabaja para optimizar los tiempos entre que se produce un un infarto y se aplica el tratamiento definitivo al paciente. El objetivo es bajar de las dos horas, 90 minutos, que son claves para la supervivencia del afectado, y en Burgos «el tratamietno es muy recoz y rápido», afirma el jefe del Servicio de Medicina Intensiva, José Antonio Fernández Ratero.

Además, la mortalidad está en el 4%, un resultado «muy satisfactorio» para una UCI que atiende a usuarios de Burgos y Soria. En el HUBU entran anualmente 350 pacientes con infarto grave, si bien es cierto que existen muertes súbitas en la calle o en domicilios que no llegan al hospital y que no se atribuyen a infartos de miocardio, explica el doctor Fernández Ratero.

Las claves en los infartos extrahospitalarios son el diagnóstico precoz y el masaje cardiaco, en el caso de que el corazón entre en parada, apunta. «Un masaje cardiaco bien hecho puede salvar muchas vidas», pues se mantiene el riego sanguíneo hasta que se consigue un desfibrilador y se reactive el corazón. De ahí, el primer tratamiento en las ambulancias y, después, la gestión de cardiólogos e intensivistas. Todo ello conforma un tandem que dan muy buenos resultado cuando funciona a la perfección.

Un 7% de infartos en menores de 45 años

El jefe de Medicina Intensiva reconoce que, cuando hablamos de infartados, siempre nos vamos a hombres y de una edad avanzada, y si bien es cierto que estas carateríticas conforman el perfil principal, no son las únicas. Hasta la menopausia, los infartos son más habituales en hombres que en mujeres, pero luego la estadística tiende a igualarse.

Sintomatología

En medicina, aún siendo una ciencia, no es siempre exacta. Los infartos suelen cursar con dolor en el pecho, que a veces pasa a cuello, cabeza o espalda, que es lo más típico que se conoce. También con nauseas, vómitos y sudores, y sensación de angustia. Aquí, el paciente se «asusta» y acude rápidamente a los servicios médicos.

Sin embargo, en otras ocasiones la sintomatología es más difusa, como es el caso de los diabéticos o los ancianos, que suelen sentir malestar general. Aquí es más difícil dignosticar un infarto, así que se juega a contrarreloj, pues se tarda más en acudir al hospita.

Además, los infartos también pueden darse en gente joven. Con las cifras nacionales en la mano, en una serie de 10.000 pacientes, un 7% tenía menos de 45 años, así que el caso de Iker Casillas, aunque no es lo más habitual, tampoco es extraño. Ha habido otros casos, con infartos en pleno terreno de juego, como los que sufrieron los futbolistas Antonio Puerta y Miguel García. El primero falleció, recuerda el doctor, pero García se recuperó gracias al masaje cardiaco.

El jefe de Medicina Intensiva explica que el sobreesfuerzo, el agotamiento o el estres, de los que se suele hablar en casos como los antes descritos, pueden ser el desencadenante de un infarto. Sin embargo, nunca serán la causa, pues esta no es otra que la obstrucción de una de las arterias coronarias, y detrás de la misma hay factores de riesgo, tanto modificables como no modificables.

Entre estos últimos, los genéticos o la tendencia a sufrir trombosis o enfermedades que derivan hacia la trombosis. Los modificables son el tabaquismo, la hipertensión y el colesterol, y ahí es donde todavía queda trabajo por hacer, siendo mucho más complejo pues depende de la voluntad de los propios ciudadanos por garantizar una vida saludable.

Lo extraño son los casos de infarto que se dan sin factor de riesgo. Los hay, explica el doctror Fernández Ratero, pero son muy raros, sobre todo cuando el infarto se produce en personas de menos de 45 años. «No es lo más habitual, pero existe» y ahí se orienta la investigación, para saber por qué se produce un infarto de miocardio cuando no existe una de las causas señaladas.