Vox se planta y no investirá a Marañón como alcalde de Burgos

Imagen de la reunión celebrada el viernes entre Cs y Vox/Ricardo Ordóñéz | ICAL
Imagen de la reunión celebrada el viernes entre Cs y Vox / Ricardo Ordóñéz | ICAL

La formación critica el pacto «secreto» entre PP y Cs, las «líneas rojas» impuestas en una negociación desigual y sus dos ediles votarán mañana al cabeza de lista de Vox | Sin mayoría, Daniel de la Rosa será investido alcalde de la ciudad

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Viraje de última hora, in extremis, e inamovible. Vox se planta, no investirá mañana a Vicente Marañón como alcalde de Burgos, que sin sumar mayoría con los apoyos del PP (confirmados por Lacalle el mismo viernes) se quedará en la bancada de la oposición, y Daniel de la Rosa (PSOE) se convertiría en regidor (si no hay ningún otro cambio imprevisto). Y el único responsable es Ciudadanos, por su «bloqueo» constante, sus «líneas rojas inamovibles», que han impedido una negociación en igualdad de condiciones, y pro su «actitud de desprecido».

Así lo ha anunciado a última hora de la noche del viernes Ángel Martín, cabeza de lista de Vox al Ayuntamiento de Burgos, tras una intensa tarde de reuniones con Ciudadanos, que no han dado los frutos deseados. De este modo, Ángel Martín y su compañero, Fernando Martínez-Acitores, votarán mañana en la investidura al propio Martín, y Marañón se quedaría solo con los votos del PP, si es que los mantiene y nada cambia en el último momento.

De una reunión en la que parecía que había opciones de acuerdo, pues existían «muchos puntos de encuentro» y solo era necesario «limar» algunas dificultades, «pequeñas» y «salvables», se ha pasado a un plante sin retorno aparente. El propio Martín lo dejaba entrever tras las tres horas y media de reunión, que «todo era susceptible de ocurrir mientras el acuerdo estuviese abierto», y ha pasado casi lo impensable.

El malestar en Vox es notable y muy evidente. Ciudadanos ha considerado a Vox un partido «inútil» y ha intentado imponerle un pacto de hechos consumados, de condiciones «inamovibles» y sin posibildiad de negociación. La formación naranja (que ha preferido dejar para el sábado la valoración de los últimos acontecimientos) llegaba ayer tarde, en vísperas del pleno de investidura, con un «pacto de adhesión», una serie de líneas rojas «inamovibles» y Vox, por «principios», no ha aceptado las imposiciones.

Lacalle ya avisó de que el acuerdo necesitaba a Vox

La decisión de Vox llega horas después de que Javier Lacalle, el cabeza de lista del Partido Popular, comunicase públicamente que aceptaba las condiciones del acuerdo alcanzado entre su formación y Ciudadanos. Se mostraba «dispuesto» a apoyar la investidura de Vicente Marañón como alcalde de Burgos, garantizando un gobierno estable, aunque sin entrar a través de concejalías, al menos de momento, pues se reservaba ese derecho.

Sin embargo, Lacalle le recordaba a Cs que para que el pacto tuviese éxito, y conseguir evitar un gobierno de «extrema izquierda y populista», se necesitaban los dos votos de Vox. De ahí que en la mañana del viernes exigiese a Cs una negociación «pública» con la formación de Abascal, insistiendo en que no valía solo con conseguir sus apoyos para la investidura.

«El apoyo de Vox no se debe de quedar solo en el día 15», afirmaba, y recordaba que el PP ya había hablado con Vox y que sabían que, en lo que respecta a la candidatura de Lacalle, había «buena disposición a colaborar». Lacalle se mostraba también dispuesto a retomar la intención de proponerse como alcalde, si Cs «reconsideraba» su posicionamiento. «El respaldo de Vox es imprescindible y el PP lo tendría», apuntaba Lacalle.

Ángel Martín ha reconocido que el proceso de negociación «estaba viciado en origen». Desde la noche del 26 de mayo se sabía que había opción de conformar un gobierno de centroderecha entre PP, Cs y Vox, y que los dos votos de la formación de Santiago Abascal eran imprescindibles. Sin embargo, ninguna de estas formaciones se había puesto en contacto con Vox hasta esta misma semana, el PP con una reunión el martes y Cs con otra al día siguiente.

Y lo que parecía una pérdida de tiempo de 17 días en realidad escondía una negociación para cerrar un «pacto secreto» entre PP y Cs, ha lamentado Martín, para repartirse la Junta de Castilla y León y varios ayuntamientos y diputaciones de la región. Entre los «sillones» que se negociaban «a espaldas de los burgaleses» se encontraba la Alcaldía de Burgos, que «fue intercambiada como una mera mercancía».

Solo entonces, cuando PP y Cs habían cerrado su acuerdo, la formación naranja se acordó de que se necesitaban los votos de Vox para investir a Vicente Marañón como alcalde de la ciudad. Sin embargo, la negociación abierta el viernes por la tarde no se ha hecho en igualdad de condiciones y Cs ha llegado «imponiendo una política de hechos consumados y marcando líneas rojas inamovibles, que impedían la entrada de Vox en el gobierno municipal».

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Ángel Martín ha recordado que no han dicho si quieren entrar en el gobierno o no, pero Cs no ha dejado opción. «Exigíamos poder negociar ese punto como cualquier otro», sin «tratar de abusar», ha apuntado su compañero Martínez-Acitores. Solo les han planteado entrar en la Junta de Gobierno, «nada más, sin otras posibilidades». No entrar en el gobierno municipal ha sido «una línea roja infranqueable».

En Vox querían una negociación a tres, en igualdad de condiciones, con un pacto abierto, y poder decidir qué querían y qué no, como en el caso de PP y Cs. Sin embargo no ha sido así. «No han entendido nada», se lamenta Ángel Martín, pues se creían que Vox «pensaba hacer lo mismo que otros partidos», pero «no nos pueden contentar con sillones» y sus votantes «merecen el mismo respeto» que los de los demás.

Por «principios»

Por todo ello, y por «una cuestión de principios», Vox ha tomado la dráctica decisión de que sus dos concejales voten mañana en la investidura a a su propio cabeza de lista. «No será porque no lo hemos intentado», insiste Martín, pero no ha habido opción. Y aunque «no les gusta en absoluto» que Daniel de la Rosa vaya a ser alcalde, «no les ha quedado más remedio», asegura.

Y su decisión es «inamovible», porque inamovibles han sido las líneas rojas de Ciudadanos. Es más, si la formación les citase mañana a negociar, antes del pleno, «sería un mercadeo inaceptable», afirma Martínez-Acitores. Tampoco se plantean apoyar una investidura de Javier Lacalle si llegar el caso, porque en ningún caso ha habido «acuerdo a tres bandas». No tiene sentido votar a un alcalde si no existe acuerdo, ni aunque sea Lacalle, cuando el PP «no ha puesto ninguna línea roja».

Eso sí, pasado el día de mañana, Vox se ofrece a dialogar con ambas formaciones para intentar recuperar el gobierno de Burgos. La formación continúa dispuesta a trabajar «con lealtad a los burgaleses», a dialogar con todas las formaciones, pero sin imponer ningun pacto preestablecido. «Ciudadanos no ha pensadeo en entablar una negociación en igualda de condiciones», se ha lamentado Ángel Martín.