Final

El cisne Van Dijk primero fue un patito feo

Virgil Van Dijk, durante un entrenamiento del Liverpool./Peter Powell (EFE)
Virgil Van Dijk, durante un entrenamiento del Liverpool. / Peter Powell (EFE)

En 2013 el Ajax de Frank de Boer descartó fichar al que hoy es el central más caro y dominante del planeta, que disputa este sábado su segunda final de Champions

MIGUEL OLMEDAMadrid

Julio de 2013. Suena el teléfono en el despacho de Marc Overmars en el Ámsterdam ArenA; es Frank de Boer. Toby Alderweireld se marcha -finalmente al Atlético en los últimos compases del mercado- y el preparador del Ajax maneja dos nombres para sustituirle: Mike van der Hoorn, del Utrecht, y Virgil van Dijk, del Groningen. Con todo el crédito del mundo después de ganar su tercera Eredivisie consecutiva, Frank tiene carta blanca para elegir y se queda con Van der Hoorn.

Mayo de 2019. El Liverpool celebra sobre el césped de Anfield una remontada épica ante el Barcelona y jugará en Madrid su segunda final de Champions consecutiva. Es la segunda vez en la historia del club que sucede, la primera en cuatro décadas. Los goles de Origi y Wijnaldum, el estilo de Klopp, el carácter del equipo para sobreponerse a las bajas de Salah y Firmino, el peligro constante de Mané. De entre todos los posibles focos de atención emerge uno. Gigante. Imponente. La clave competitiva de un conjunto que hasta su llegada en enero de 2018, previo pago de 84 millones de euros, fiaba su destino al intercambio constante de golpes. Es Virgil van Dijk, el central más dominante del planeta. A quien descartó el Ajax.

«Es ahora o nunca», le advirtió Hans Nijland (presidente del Groningen) a Marc Overmars cuando el director deportivo del Ajax rechazó a Van Dijk, que también fue segundo plato para el PSV Eindhoven, que prefirió a Jeffrey Bruma. El espigado central, eso sí, dejaría la Eredivisie ese verano de 2013 para recalar en el Celtic de Glasgow. Tampoco en Escocia, y pese a conquistar el premio al mejor jugador de la liga, se ganó a la crítica en los Países Bajos. Primero Louis van Gaal y después Guus Hiddink dieron la espalda a un zaguero que rompía con lo establecido en un fútbol poco amigo de mancharse el pantalón para hacer un 'tackle'. Holanda tuvo que perderse una Eurocopa para confiarle las llaves de su defensa a Van Dijk, para entonces ya una figura en el Southampton.

Y Van der Hoorn, entre tanto, sufría en el Ajax. Frank de Boer prefería al canterano Veltman para el perfil diestro de su pareja de centrales, relegando al flamante fichaje a jugar con el filial. Cuando lo hacía con el primer equipo, además, era objeto de burla para la afición por sus continuos errores. «Me volví paranoico», llegó a reconocer en una entrevista en el Algemeen Dagblad, «cada vez que golpeaba mal al balón pensaba 'oh, ya estamos otra vez.'». Finalmente, y tras haber disputado casi más minutos como 'delantero-tanque' que en el centro de la defensa, Van der Hoorn se marchó al Swansea en 2019, donde por fin esta temporada se ha erigido como uno de los zagueros más sólidos de la Championship.

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Si Van Dijk ya llegó al Liverpool como el defensa más caro de la historia, en Anfield no ha hecho más que justificar la inversión acometida por él. Antes de su debut, el conjunto de Klopp había encajado 25 goles en las primeras 22 jornadas de la Premier League, mientras que en las últimas 16 que el neerlandés disputó recibió únicamente trece. En este curso, ya consolidado como el mariscal de la defensa, el Liverpool apenas ha cedido 22 dianas en toda la liga, logrando un récord de 97 puntos que, aun así, no le han valido para alzarse con el título.

Pero para entender mejor la candidatura de Van Dijk al Balón de Oro hay que situarla en contexto, y es que el neerlandés define meridianamente el concepto de futbolista-equipo (que no necesariamente futbolista de equipo): el salto cualitativo de su defensa ha permitido a Klopp acercar al Liverpool a su sexta Liga de Campeones, este sábado en el Metropolitano ante el Tottenham. El 'heavy-metal' del técnico alemán ha dejado de desafinar en los acordes y brillar únicamente en los solos de guitarra ahora que ha encontrado a Van Dijk, que es a Salah, Firmino y Mané lo que Ringo Starr a los Beatles. Y eso que antes de cisne, el central fue un patito feo en Holanda.