Análisis

Ensayo con más luces que sombras para Kiev

Cristiano Ronaldo, en una acción del clásico. /Lluis Gene (Afp)
Cristiano Ronaldo, en una acción del clásico. / Lluis Gene (Afp)

El Madrid, dominador en muchas fases, salió reforzado del clásico, aunque deberá corregir errores para no verse penalizado frente al Liverpool

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

«Queríamos ganar y el Madrid ha hecho un partido muy bueno en líneas generales. Éste es el camino para preparar la final de Kiev». Las palabras de Sergio Ramos al término del vibrante clásico que acogió el Camp Nou daban buena cuenta de la inyección anímica que supuso el encuentro para una escuadra que en tres semanas se jugará la temporada a una carta ante el Liverpool. Dominador en muchas fases de un duelo disputado en feudo ajeno y ante un equipo que no suele permitir que el rival le discuta la posesión, al Real Madrid se le escapó una buena oportunidad de asaltar el templo del ya campeón de Liga y acabar con su condición de invicto, pero regresó a la capital con sobradas razones para sacar músculo y acrecentar la inquietud de los 'reds', que tuvieron un domingo mucho más doliente al caer derrotados por el Chelsea, comprometiendo la clasificación para la próxima edición de la Champions que, por otro lado, podrían lograr de manera directa en caso de levantar la 'orejona' en la capital de Ucrania. Aunque también incidió el cuadro merengue en errores que le han pasado una elevada factura durante todo el curso y que, de repetirse en el Olímpico de Kiev, complicarán la retención del cetro europeo.

En el lado positivo de la balanza cabe asentar la reactivación de Karim Benzema y Gareth Bale, determinantes ambos para que Zinedine Zidane elevase a cuatro sus visitas al Camp Nou sin conocer la derrota. Autor el lionés del servicio que embocó Cristiano Ronaldo sobre la línea para nivelar el tanto inicial de Luis Suárez, fue un continuo incordio para la zaga azulgrana. Su juego entre líneas quebrantó a Piqué y Umtiti, incapaces de fijarle. Reafirmación del ariete como culminación a una semana en la que resurgió con un doblete ante el Bayern que permitirá a los blancos pelear por la 'decimotercera'.

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«Benzema está metido», resaltó Zidane, defensor a capa y espada de su compatriota. Algo más tibio se mostró el marsellés con Bale, que también emergió de las cenizas para sellar el definitivo 2-2 en el Camp Nou con un zurdazo que sacó las telarañas de la escuadra de Ter Stegen. El tanto, el decimotercero en su cuenta personal en esta Liga y el decimosexto del curso, llegó en una acción en la que se benefició también de los movimientos de Benzema y de la capacidad asociativa de Marco Asensio, que poco antes había desquiciado al galés al preferir el disparo en lugar de filtrarle el balón en un buen desmarque del extremo de Cardiff. Una diana que le sirvió para reivindicarse en un choque en el que hasta ese minuto 71 se había fajado más en defensa que lucido en ataque y en el que mostró por dos veces su versión más ruda en sendas patadas a Umtiti y Semedo.

Temple y repliegue

Con todo, fue Cristiano Ronaldo, como casi siempre, el estilete de los merengues, que reaccionaron a las mil maravillas al golpe inicial de Luis Suárez, con el luso sobre el césped, y, ya sin su concurso para resguardar su maltrecho tobillo -la recuperación de su leve esguince demorará una semana, pero no peligra para Kiev-, después del que propinó Leo Messi en el segundo tiempo. Asumieron con regocijo el intercambio de golpes, en el que los blancos se mueven como nadie y que bien podría ser el guión de la final ante el Liverpool.

Vital en esa propuesta volvió a resultar la figura de Keylor Navas, agigantada desde su exhibición frente al Bayern y que negó por dos veces otro gol a Messi de esos que al rosarino casi nunca se le escapan. Los reflejos del tico contrastan con las dudas que arroja Karius en un Liverpool que tiene en la portería uno de sus puntos débiles. Brilló también la medular, con Modric y Kroos mandones y Casemiro equilibrando.

En el lado negativo queda el boquete en el carril de Marcelo, por el que incursionó Sergi Roberto para asistir a Luis Suárez en el gol que abrió el marcador. La proverbial dificultad del brasileño para el repliegue -compensada por su tremenda aportación ofensiva, que pudo significar el triunfo de no ignorar Hernández Hernández el clamoroso penalti que le hizo Jordi Alba, como también obvió la falta de Luis Suárez a Varane que propició el 2-1- no pasa desapercibida para Jürgen Klopp, que tiene precisamente en esa zona a su mejor baza, Mohamed Salah, el único que cuestiona seriamente la Bota de Oro de Messi pese a quedarse ante el Chelsea sin marcar por tercer partido consecutivo. La peor racha del egipcio esta temporada no aminora la urgencia de sellar esa vía de agua por parte de Zidane, que también anotó en la libreta de deberes la necesidad de transmitir mayor temple a un equipo desquiciado en diversas fases por los errores arbitrales del canario. Una final de Champions como la que pitará el serbio Milorad Mazic no admite esas desconexiones.

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