Objetivo: blindar al heredero saudí

Mohamed Bin Salmán y Donald Trump, durante la vista del presidente de EE UU a Riad en mayo de 2017/Reuters
Mohamed Bin Salmán y Donald Trump, durante la vista del presidente de EE UU a Riad en mayo de 2017 / Reuters

La versión oficial trata de proteger a Bin Salmán culpando a los 18 detenidos y dos destituidos de querer «ocultar» el asesinato de Jamal Khashoggi

MIKEL AYESTARÁNJerusalén

Después de 18 días en los que la versión oficial defendía que Jamal Khashoggi abandonó el Consulado saudí de Estambul el día 2, Riad cambió el discurso y admitió su muerte «tras una reyerta con las personas que lo recibieron». Esto supone «un paso importante», según Donald Trump, pero no suficiente ya que los saudíes, entre otros muchos puntos, no aclararon el paradero del cadáver y por eso la investigación turca sigue adelante y ofrecerá sus propios resultados.

La casa real ordenó la detención de 18 personas y destituyó de manera fulminante al 'número dos' de los servicios de Inteligencia, Ahmed al-Asiri, y a Saud al-Qahtani, asesor y mano derecha de Mohamed bin Salmán (MBS), príncipe heredero y principal sospechoso de haber ordenado el crimen. Ante los crecientes rumores de crisis en la línea sucesoria, el rey Salmán quiso mostrar que mantiene la confianza en el favorito de sus hijos y por ello lo nombró responsable de un comité que se encargará de reestructurar los servicios de Inteligencia.

«Las conversaciones que tuvieron lugar entre él y las personas que lo recibieron en el Consulado en Estambul dieron lugar a una reyerta y a una pelea a puñetazos con el ciudadano Jamal Khashoggi, lo que provocó su muerte, que su alma descanse en paz», rezaba el comunicado del fiscal general saudí, Sheij al-Mojeb, difundido por la agencia oficial SPA y los canales de televisión. Pocas horas después, el Ministerio de Información publicó una declaración en inglés atribuida a una «fuente oficial» en la que afirmó que la discusión degeneró en una pelea en la que el periodista murió y hubo «un intento» por parte de las personas que lo interrogaron de «ocultar lo que pasó» a las autoridades. Es una versión que durante toda la semana manejó 'The New York Times', con la que Riad trata de blindar a MBS de cualquier petición de responsabilidad.

Turquía sigue adelante

El anuncio de Arabia Saudí es tan importante como los son las lagunas que deja. Riad sólo convenció a aliados como Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. El Consejo de Ulemas, la máxima autoridad religiosa del país, también respaldó al rey y destacó la preocupación de los dirigentes de la petromonarquía por «hacer justicia y juzgar a los involucrados».

Pero desde Naciones Unidas el secretario general, Antonio Guterres, reclamó «una investigación transparente» y exigió «la plena rendición de cuentas de los responsables», un mensaje en la misma línea que el de la canciller alemana, Angela Merkel. Turan Kislakci, jefe de la Ssociación turco-árabe de medios de comunicación (TAM), de la que formaba parte Khashoggi, encabezó una pequeña protesta a las puertas del tristemente célebre Consulado para exigir «que se castigue a los verdaderos responsables».

Turquía mantuvo silencio sobre la declaración saudí pero, en la línea de las filtraciones a los medios que se producen desde el primer día, un alto responsable indicó a Reuters que los investigadores «no tardarán mucho» en averiguar lo sucedido. El equipo de expertos turco continúa con sus labores y esta fuente reveló que se dispone de «muestras de ADN desde dentro de Turquía», por lo que «no habrá necesidad de pedirlas a Arabia Saudí por el momento».

Ante la cantidad de interrogantes que arroja la versión ofrecida por Riad, el portavoz del partido gobernante Justicia y Desarrollo (AKP), Omer Celik, aseguró que «Turquía destapará lo que quiera que ocurrió. Nadie debería tener ninguna duda de ello». Los turcos dicen que ofrecerán los resultados de su investigación cuando esta concluya, al margen del cambio de estrategia de los saudíes.

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