Los líderes políticos recurren a los gestos y el efectismo en el inicio de la precampaña

La portavoz nacional de Ciudadanos y líder de la oposición en Cataluña, Inés Arrimadas (c), acompañada de los diputados del Grupo Parlamentario de Ciutadans, ha atendido a los medios de comunicación frente a la «Casa de la Republicia» en Waterloo (Bélgica). / Efe

Sánchez se convierte en el primer presidente en visitar la tumba de Azaña, mientras Arrimadas se planta ante la casa de Puigdemont en Waterloo

ANDER AZPIROZ MadridSALVADOR ARROYO Corresponsal en Bruselas (Bélgica)

Domingo de gestos para la galería en el inicio de la precampaña electoral de cara a las generales del 28 de abril. Los guiños tuvieron como objetivo amarrar el voto más cercano. Si Pedro Sánchez homenajeó a la España republicana y del exilio, Inés Arrimadas se plantó ante la mismísima puerta del palacete en el que se refugia Carles Puigdemont en la localidad belga de Waterloo.

Sánchez se convirtió este domingo en el primer presidente en activo que visita la tumba de Manuel Azaña, el último presidente de la Segunda República. Ya lo hizo en el pasado José Luis Rodríguez Zapatero, aunque en su caso después de abandonar la Moncloa. En un viaje relámpago a Francia, el jefe del Ejecutivo se desplazó hasta los lugares más emblemáticos del exilio para conmemorar el 80 aniversario de 'La Retirada', como se denomina el éxodo al país vecino en 1939 de casi medio millón de personas que huían del avance de las tropas franquistas. El presidente del Gobierno también visitó el sepulcro del poeta Antonio Machado y el campo de Argelès-sur-Mer, donde decenas de miles de españoles fueron confinados tras cruzar la frontera.

El discurso de Sánchez fue de un marcado republicanismo, chocante en cierto modo con la excelente relación que, afirma en su libro 'Manual de Resistencia', mantiene con Felipe VI. Sus palabras casi podría haberlas firmado el propio Pablo Iglesias. De Azaña y Machado dijo que «España tendría que haberles pedido perdón mucho antes». Y «lo hace hoy, a deshora, pero lo hace con el orgullo de recuperarles para siempre». También destacó de ambos que «sus palabras nunca fueron de confrontación, sino de encuentro». Y, por último, recordó uno de los últimos textos de Machado, escrito como prólogo de cuatro discursos de Azaña, en los que el poeta señalaba que «no cabe pensar que el antisemitismo, la homofobia, la xenofobia y el nacionalismo excluyente son pequeños vientos sin importancia que se apagarán solos».

El único contratiempo en la jornada de homenajes de Sánchez corrió a cargo de un grupo de independentistas que trató de boicotear el discurso en Argelès-sur-Mer. Algunos de ellos llegaron a gritar «fascistas» a la delegación española, entre la que se encontraban familiares de exiliados republicanos. Finalmente, los radicales fueron alejados del lugar por la policía francesa.

Pablo Casado, que este domingo se ciñó a la ortodoxia del mitin, atacó al líder socialista por «querer hacer política a costa de las letras de todos los españoles» y afirmó que Antonio Machado «es un poeta de todos los españoles». El líder de los populares también quiso dejar su golpe de efecto al publicar el vídeo de su llamada de apoyo al líder opositor venezolano, Juan Guaidó.

La puerta del expresident

Mientras Sánchez recorría Francia, Arrimadas visitaba Waterloo. Viajó 1.300 kilómetros para activar la precampaña de Ciudadanos con un acto en uno de los epicentros del movimiento independentista. Apenas estuvo ocho minutos en la explanada situada frente al número 34 de la avenida del Abogado, en Waterloo, el lugar en el que reside desde hace más de un año el fugado Carles Puigdemont. Y en ese tiempo la dirigente de la formación que lidera Albert Rivera reiteró tres mensajes sustanciales: «La república catalana no existe», «estamos aquí para representar a millones de constitucionalistas, lo que el Gobierno no ha hecho» y «Pedro Sánchez ha tratado a Torra y también a Puigdemont como si fueran los jefes de Estado de un país independiente».

El plan de Arrimadas era deslegitimar la Casa de la República, un chalé de aspecto burgués en un barrio residencial, a unos 20 kilómetros de Bruselas. Pero había en ello un cierto punto de contradicción porque con su presencia arrastró el foco de decenas de medios nacionales que captaron no solo su protesta, sino también una maniobra que se ideó desde dentro del inmueble. Y es que Puigdemont también se sumó a la política de los gestos.

Con las banderas de la UE y Cataluña en el jardín del palacete y varias pancartas en favor de los presos del 'procés', la puerta de la casa (con un lazo amarillo) se entreabrió mientras la dirigente liberal hablaba a los periodistas tras una gran pancarta en la que podía leerse «¡La república no existe, Puigdemont!». Fue un guiño del líder separatista al diálogo, pero cuando a Arrimadas se le indicó que la puerta se abría y se le preguntó si tenía intención de entrevistarse con Puigdemont rehusó.

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