«No estamos dispuestas a ceder ni un ápice»

La fuerza del movimiento feminista ha ocasionado una reacción violenta del patriarcado, que amenaza con un retroceso en los derechos de las mujeres y demuestra que las conquistas de las mujeres nunca son permanentes

Imagen de los actos organizados por Amnistía Internacional el 25 de noviembre/PCR
Imagen de los actos organizados por Amnistía Internacional el 25 de noviembre / PCR
Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Ni un paso atrás. Sin duda alguna, este será uno de los gritos de guerra que más se escuchen este 8 de marzo. La lucha por la igualdad de oportunidades y los derechos de la mujer se encuentra ahora gravemente amenazada, ante unos discursos ideológicos y políticos que plantean retrocesos en los avances conseguidos, destacables pero aún insuficientes para poder decir que la mujer ha abandonado su posición de inferioridad, en el seno de una sociedad de modelo patriarcal.

Cuando se cumple un año del histórico 8 de Marzo de 2018, con miles de mujeres en la calle, unidas en una sola voz, y parones laborales, estudiantiles y de cuidados, hemos querido sentarnos a hablar con tres asociaciones burgalesas que llevan años luchando por la igualdad de derechos, efectiva y no solo sobre el papel, entre hombres y mujeres.

8 de Marzo

Hypatia Burgos, La Rueda y Colectivo 8 de Marzo son conscientes de los avances sociales y laborales, aunque no siempre es oro todo lo que reluce, apuntan, ni mucho menos se puede dar la batalla por ganada. «Las conquistas de las mujeres nunca son permanentes», recuerda Ángeles Ruiz, de la Asociación Feminista Hypatia, así que los derechos hay que reconquistarlos día a día.

En pleno siglo XXI, a nadie se le ocurriría proponer volver a los precios de las viviendas de 1985, a las comisiones bancarias de entonces, «sería inconcebible» retroceder en derechos laborales y civiles plenamente asentados, reflexiona Raquel Suárez, de Hypatia. Sin embargo, sobre la mesa se vuelve a poner la necesidad de modificar la ley del aborto, «creyéndose con el derecho de decidir sobre el cuerpo de la mujer», apunta Silvia Adrián, del Colectivo 8 de Marzo.

Se trata de una reacción agresiva, fruto del miedo de determinados sectores de la sociedad, retrógrados, conservadores y machistas. «Cuando el feminismo se levanta, el patriarcado tiembla», asegura Laura Pérez, de La Rueda, y el movimiento feminista se ha convertido en el más activo actualmente, así que sufre «la reacción más violenta de grupos rancios y marchistas, que quieren volver a una época en la que las mujeres estaban silenciadas», insiste.

«Histórico» 8 de Marzo

Hace justo un año, Burgos era un hervidero feminista, como lo era el resto de España. La jornada reivindicativa del Día Internacional de la Mujer no es, ni de lejos, de reciente creación. Sin embargo, en las dos últimas ediciones la movilización ha crecido, sobre todo con la incorporación de nuevas generaciones de mujeres, jóvenes dispuestas a dar el relevo a las que llevan décadas luchando por la igualdad de derechos.

El 8 de Marzo de 2018 fue «un día histórico», recuerda Laura Pérez. «Nos unió a todas las mujeres, con independencia de su ideología; mujeres de todos los ámbitos, que alzamos juntas la voz en un solo grito». Se salió a la calle para decir «que estamos hartas de los menosprecios, las agresiones, las violaciones, los asesinatos y la discriminación».

«Fue algo espectaculaar», comenta Silvia Adrián, visibilizando una lucha de décadas, por ser oídas y tener voz, y marcó un punto de inflexión, apunta su compañera en el Colectivo 8 de Marzo, Estrella Paredes. La huelga internacional, el apoyo de las mujeres periodistas, el movimiento MeToo y el caso de La Manada fueron las espitas que incendiaron las calles, las gotas que colmaron el vaso del aguante de las mujeres.

«Había muchas ganas, mucho entusiasmo», asegura Raquel Suárez, quien espera que este año «vibren las calles, que se sienta una energía imparable». Son conscientes de que es difícil, pero el arranque ya está dando, y solo queda confiar en que «la gente salga a la calle a afianzar lo conseguido y a coger impuslo para seguir avanzando; no nos podemos detener aquí».

Es la reacción habitual cada vez que se produce un avance en el plano feminista «hay reacción por parte del patriarcado», reafirma Raquel Suárez, aunque «no creo que estemos dispuestas a ceder ni un ápice». Es más, desde el punto de vista histórico «no es posible, no vamos a dar un paso atrás y no lo vamos a consentir, aunque lo vayan a intentar». Por ese motivo, es imprescindible que la movilización este 8 de Marzo vuelva a marcar un hito histórico, pues debe ser una respuesta «contundente» ante las amenazas que se ciernen sobre las mujeres, apunta Ruiz.

Derechos sin privilegios

«Ya no somos un grupo minoritario» y toca luchar contra el «patriarcado de consentimiento», una forma de dominación sutil en la que las mujeres aceptan, voluntariamente, medidas discriminatorias que se venden como si fueran derechos. Y eso ocurre mucho en el ámbito laboral, con trampas como las medidas de conciliación, que se ofrecen como privilegios de las mujeres pero ahondan en los roles de género, explica Ángeles Ruiz.

Y es que la palabra clave es conciliación, que debería ser sustituida por corresponsabilidad. La responsabilidad en la crianza de los hijos es de la pareja, de hombres y de mujeres, pues la única diferencia es que las mujeres dan a luz, en el resto «somos iguales», explica Silvia Adrián. Una función biológica no debe condicionar la vida de una mujer y, sin embargo, ahora condiciona su desarrollo personal y profesional, pues socialmente se asocia la crianza, y por extensión las tareas de cuidados, a las mujeres, que deben priorizarlas sobre todo lo demás.

Hombres y mujeres «tienen la misma capacidad» para realizar esas tareas de cuidados, cargas invisibles que asumen generalmente las mujeres, y sobre las que se sustenta todo el sistema laboral. «Si el feminismo empieza a destapar esta realidad y exige un flujo equitativo de la zona de cuidados al mercado laboral, y vicerversa, el modelo actual es insostenible», asevera Ángeles Ruiz.

Sin embargo, el mandato de género en el que nos educan desde bien pequeños empuja a las mujeres a renunciar a todo por ponerse al servicio de los demás, lo que merma su disponibilidad laboral. Así, acaban siendo ellas las que se reducen las jornadas, las que ocupan empleos a tiempo parcial, las que piden las excedencias, las que piden salidas para llevar a los niños al médico. «Se dice que lo eligen pero no es verdad, es una imposición del modelo machisca patriarcal», afirman las tres asociaciones de manera rotunda, sin fisuras.

Violencia de género y sensación de impunidad

Las movilizaciones feministas, ya no tan minoritarias, están consiguiendo cierta sensibilización y concienciación social, aunque también compromisos interesados y reacciones radicales que amenazan el feminismo. En clave estadística, han repuntado las denuncias por violencia de género, agresiones sexuales y violaciones, entre otras cosas, porque «las mujeres hemos tomado conciencia y denunciamos; ya no sentimos vergüenza, ni nos sentimos culplables», explica Laura Pérez.

Eso sí, también se ha visto un cierto repunte en los delitos sexuales, por efecto contagio y por la sensación de impunidad que han dejado sentencias como la de La Manada, comenta Raquel Suárez. Eso sí, se está perdiendo el miedo a denunciar, se cuenta con el apoyo de la familia (en la mayoría de los casos), las humillaciones y la doble victimización empiezan a decaer. «Las mujeres necesitamos estar protegidas y sentirnos protegidas».

Y cuestionar la violencia de género no ayuda, precisamente, reconoce Silvia Adrián. Se intenta desviar la atención a cualquier tipo de violencia, sin especificar. Sin embargo, «a la mujer la matan por ser mujer, y sufre violencia porque el hombre se cree en el derecho de utilizar a la mujer y tratarla como un objeto de su prioridad.

Existe la discriminación laboral, porque las mujeres trabajan en sectores peor pagados y cuando una profesión se feminiza, se bajan los salarios. «La pobreza tiene rostro de mujer», apunta Adrián. Existe un techo de cristal invisble, el prestigio laboral parece cosa de hombres, y que el trabajo, para las mujeres, es simplemente un complemento a sus labores domésticas. Son las claves, no solo de una sociedad capitalista, sino patriarcal.

Una sociedad en la que el hombre disfruta de una serie de privilegios, que entiende como derechos (a veces sin ser consciente de ello), y que pone a la mujer en una situación de desigualdad. «Hemos vivido y vivimos en una construcción socio-cultural que nos sitúa en una posición de inferioridad», insiste Laura Pérez. La lucha feminista es una cuestión de derechos humanos, «no es una guerra de sexos»; tampoco se trata de quitarle a nadie derechos para dárselos a las mujeres, sino de reconocer que tienen los mismos derechos que los hombres, sin privilegios.

Feminismo real

El 8 de Marzo es un día para reivindicar el feminismo, pero el de verdad, y no esos feminismos liberales que defienden algunas formaciones políticas, que apuestan por la meritocracia o los vientes de alquiler. «Las cosas por su nombre», asegura Silvia Adrián, así que mejor hablar de vientres de alquiler que de gestación subrogada, porque no es altruista, se paga por ello. Esto va de cosificar a la mujer y de la compra-venta de niños, apunta Suárez.

El éxito de los movimientos feministas favorece que ciertas formaciones, ciertos partidos, intenten «subirse al carro» del feminismo, cuando nunca se han preocupado por las mujeres e, incluso, plantean medidas para quitarles derechos. Así que este 8 de Marzo la movilización tiene que ser aún mayor, demostrando la unidad entre las mujeres, independientemente de su idelogía, porque «no estamos dispuestas a retrocerder en derechos». Ni un paso atrás.

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