Análisis

El Real Madrid regresa al diván con cifras sonrojantes

Courtois y Marcelo se lamentan tras el gol de Enrich en el duelo con el Eibar. / Ander Gillenea (Afp)

El descarrilamiento en Ipurua frena en seco a un equipo que firma sus peores registros defensivos en una década y que está a una derrota de las que contabilizó en todo el curso pasado

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Ipurua disipó el espejismo. La estrepitosa derrota ante el Eibar devolvió al Real Madrid a la casilla en que se hallaba tras la destitución de Julen Lopetegui. Más allá de lo contundente del resultado, la desastrosa imagen que ofrecieron los pupilos de Santiago Solari en el feudo armero desnudó de nuevo las carencias que arrastra el cuadro de Chamartín desde que entró en barrena hace dos meses en el Ramón Sánchez-Pizjuán, rompiendo el hechizo que marcó las primeras semanas del argentino en el banquillo y que generó una efímera esperanza de recuperación de un paciente que retorna al diván con números sonrojantes.

Cinco derrotas en trece jornadas, una menos de las que sufrió en todo el curso pasado, en la que finalizó tercero a 17 puntos del Barcelona, dan buena cuenta del depresivo estado en que se encuentra el campeón de Europa, que firma guarismos propios de aciagas campañas que abrieron profundas heridas en la institución sin que se atisbe un punto de inflexión. Pareció hallarlo tras la hecatombe del Camp Nou que liquidó el proyecto de Lopetegui y auspició el ascenso de Solari. Pero justo cuando confiaba en la resurrección, dejó escapar una fantástica oportunidad de acercarse a la zona noble de la tabla hincando la rodilla en tierras guipuzcoanas, aumentando en un punto su desventaja con Barça y Atlético, que tampoco pudieron sacar demasiado provecho del tropiezo de los blancos.

La relativa proximidad con sus eternos adversarios, que se han dejado también un inusual reguero de puntos a estas alturas, es lo único que alivia las penurias de la escuadra de Chamartín. Valga recordar que el equipo que por entonces tutelaba Zinedine Zidane llevaba a estas alturas del curso pasado siete puntos más pero se hallaba a ocho del líder para constatar cómo sólo los fallos ajenos mantienen con un hálito de vida los sueños ligueros en Concha Espina.

Laxo en defensa y pacato en ataque

Lejos de consolarse con los fiascos de los rivales, el Real Madrid precisa soluciones urgentes a una serie de problemas que afectan a todas y cada una de sus líneas. Los 19 goles encajados en 13 jornadas, a razón de 1,46 por partido, son el peor registro en el primer tercio de temporada desde el curso 2008-2009, cuando la mala racha y el espíritu derrotista de Bernd Schuster en vísperas del clásico en el Camp Nou provocó el despido del alemán y su relevo por Juande Ramos. Aquel equipo perdió tres encuentros (ante el Deportivo, el Valladolid y el Getafe) de los trece primeros. Encajó 20 goles, uno más que el Madrid actual, pero marcó 30, diez más de los que acumula un conjunto con un exiguo balance de tantos: ha anotado uno más de los que ha encajado y se ha quedado sin 'vacunar' al contrincante en tantos duelos, cuatro, como aquellos en los que ha salido indemne su propia meta.

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Lejos de paliar el desastre defensivo, el regreso de Varane, Marcelo y Carvajal para completar junto a Sergio Ramos la zaga estelar se vio acompañado de una goleada que elevó a 16 la cifra de dianas recibidas a domicilio por los blancos, diez de ellas en sus tres últimas salidas, lo que le convierte en el visitante con mayor endeblez tras el Huesca. Ninguno de los integrantes de la retaguardia se salvó en Ipurua, con catorce balones perdidos por parte de Ramos, trece por Varane y 24 por Marcelo.

El Real Madrid padeció también frente al Eibar en la medular, donde Ceballos marró fungiendo de Casemiro. El remedio de urgencia valió en Balaídos pero no en Ipurua, donde los armeros llevaron el choque al lugar en el que se sentían más cómodos. Obligaron al Real Madrid a enviar balones largos de continuo con una presión asfixiante y ganaron una y otra vez las pugnas, clave de la debacle para Solari. «Perdimos las segundas pelotas», subrayó el 'Indiecito'. Desbordado, el sevillano no fue capaz de crear ni de destruir, quedando además retratado en la acción del primer gol al fallar un pase filtrado a la salida de un córner que derivó en el tanto de Escalante. Otra vez el lento repliegue, como en el Sánchez-Pizjuán, convirtió un saque de esquina del Madrid en una diana del contrincante. Modric le puso voluntad pero sigue lejos de sus mejores días, lo mismo que Kroos, sincero este último al término del choque. ¿Fue el peor partido de la temporada?, le preguntaron al teutón. «No sé, no creo. Es difícil decidir».

Laxo atrás y desnortado en el medio, el equipo de Solari volvió a estar pacato también en ataque, donde sólo Benzema se rebeló contra la indolencia de un equipo en el que el francés y Courtois, providencial con sus paradas para evitar un ridículo de época, fueron los únicos que se salvaron de la quema. De Bale y Asensio, ni rastro. Solari negó falta de actitud, pero su capitán le contradijo. «Si no igualas al de enfrente en intensidad y ganas, te vuelves vulgar», manifestó Sergio Ramos. El Olímpico de Roma será la primera oportunidad de redención de una escuadra que, al menos de puertas afuera, no parece ponerse de acuerdo ni en el diagnóstico de sus males.

 

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