Confían en continuar con las identificaciones de los represaliados en Valdenoceda

El año pasado no se pudieron entregar restos de represaliados./Ricardo Ordóñez/ICAL
El año pasado no se pudieron entregar restos de represaliados. / Ricardo Ordóñez/ICAL

La Asociación de Familiares de Represaliados en Valdenoceda ha conseguido dos nuevas identificaciones, mientras que otra está «a punto», pero recuerda que todavía queda medio centenar de restos sin identificar

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

El próximo 14 de abril, coincidiendo con el homenaje anual organizado en memoria de los represaliados en el penal de Valdenoceda, los familiares de Santos Merino Serrano y de Eustasio Aparicio recuperarán los restos de sus antepasados para darles un entierro digno. Ese es el fruto del trabajo de la Asociación de Familiares de Represaliados en Valdenoceda, que tras reiniciar su actividad bajo la fórmula asociativa ha conseguido confirmar dos nuevas identificaciones. Y podrían ser tres. Y es que, según reconoce José María González, presidente de la asociación, los esfuerzos del laboratorio y del antropólogo están «a punto» de confirmar una tercera identificación. «Esperamos que pueda llegar antes del día 14», asegura González.

Sea como fuere, el portavoz del colectivo recuerda que todavía quedan restos de 49 represaliados sin identificar. «De los 114 cuerpos que exhumamos, 65 ya están identificados», pero el resto están pendientes. Y eso exige financiación.

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De hecho, la asociación -entonces agrupación- tuvo que «parar» en 2015 debido a la falta de fondos. Las ayudas no llegaban y con los recursos propios no se podía hacer frente a nuevas identificaciones. Es más, el colectivo asumió entonces una deuda de 4.200 euros con el laboraltorio encargado de realizar las identificaciones. Entendiendo que el trabajo que se había realizado hasta ese momento no podía quedar en el olvido, se constituyó la asocaición y «con las cuotas» y diversas «donaciones» de colaboradores, en las últimas semanas se han podido recaudar algo más de 11.000 euros. Dinero suficiente como para pagar la deuda y proceder a tomar analizar el Cromosoma Y de los restos y de las muestras de familiares que quedaban pendientes.

Buscando financiación

Esa operación ha permitido reiniciar el proceso de identificaciones, pero para culminarlo, harían falta «alrededor de 35.000 euros». Se trata, según González, de un presupuesto «para nada desorbitado», pero inalcanzable teniendo en cuenta los recursos de la asociación. Por eso, en los últimos meses se han materializado sendos contactos con la Junta de Castilla y León y la Junta de Castilla La Mancha para intentar obtener fondos. Y, ¿por qué Castilla La Mancha? Porque se da la circunstancia de que 61 de los 154 represaliados que perdieron la vida en el penal procedían de la provincia de Ciudada Real. «Tenemos los documentos de traslado, pero no sabemos el motivo por el que trajeron a tantos presos de Ciudad Real», explica González.

Sea como fuere, la asociación está «a la espera» de que ambas instituciones respondan al llamamiento para saber si se puede poner en marcha una nueva fase de identificaciones a corto y medio plazo. También recibirían con los brazos abiertos cualquier ayuda de otras organizaciones o instituciones, si bien, «ahora mismo estamos viendo falta de compromiso» en esta materia. «En los Presupuestos Generales del Estado de este año no hay partida para la Memoria Histórica», destaca el presidente del colectivo.

Murieron «de hambre»

Con todo, y a la espera de acontecimientos futuros, los resultados de este último envite son más que «satisfactorios». «Estamos muy contentos» por haber podido identificar los restos de dos represaliados más y «entregárselos a sus familias» después de 77 años. Santos Merino, natural de Carrión de Calatrava, fue condenado a 30 años de prisión por un delito de 'auxilio a la rebelión' y murió el 2 de mayo de 1941 con 45 años de edad, dejando mujer y cuatro hijos. El informe de la época certifica que murión por anemia, una hipótesis confirmada por los estudios antropológicos, que certifican que la mayoría de los represaliados «murieron de hambre».

En circunstancias muy similares falleció el 29 de abril de ese mismo año Eustasio Aparicio Jusdado, un preso natural de Colmenar Viejo (Madrid) que tenían 46 años en ese momento.

 

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